Cómo controlar la ira y enfadarte menos con tus hijos. Algunos consejos.

Cómo controlar la ira y los enfados con tus hijos

Reconozcámoslo: criar a los hijos es uno de los mayores (si no el mayor) reto que nos va a poner la vida y, curiosamente, nadie nos prepara para ello. Nadie nos explica cómo controlar la ira, tanto de nuestros hijos como la nuestra propia.

Contamos con la experiencia de cómo nos han educado a nosotros nuestros padres pero habrá cosas que queramos cambiar de cara a nuestros hijos, que no recordemos o que no sepamos cómo aplicar porque cada crianza es un mundo.

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Cómo controlar la ira con tus hijos

Lo que está claro es que esta generación de padres y madres son padres conscientes y muchos se forman y se informan sobre cómo criar y educar a sus hijos desde el respeto, sin gritos etc. Quizá también es un buen momento para aprender técnicas sobre cómo controlar la ira y enfadarte menos con tus hijos.

Desde que nace, el bebé tiene su temperamento o carácter (más tranquilo, más nervioso, más o menos demandante, más risueño o más seriote etc) y, según va creciendo, los rasgos de su personalidad se irán definiendo. Nuestra interacción con ellos marcará las bases para el futuro. Por no decir que, según van creciendo también aumentará la dificultad de los retos a resolver en la convivencia y en el día a día.

Dejar a un lado nuestro pensamiento adulto para ponernos en el lugar de un niño que todavía no razona como nosotros puede resultar complicado y más con el ritmo de vida que llevamos, la falta de sueño nuestra y del bebé

Para todos esos papás y mamás que os veis superados en algunas situaciones por vuestros hijos, os enfadáis con ellos, pero creéis que “las cosas se pueden hacer de otra manera” van estos consejos sobre cómo controlar la ira y enfadarte menos con tus hijos:

Técnicas de para enfadarte menos con tus hijoscómo controlar la ira con nuestros hijos

PENSAR POR QUÉ TU HIJO HACE ESO, cuál es el objetivo de su conducta, qué quieren conseguir. La mayoría de las acciones de los niños tienen un fin que a nosotros, como adultos, lo más probable es que nos pase desapercibido. Si les preguntamos “¿por qué estás pegando esos saltos?” en vez de refunfuñar “¡te he dicho mil veces que no saltes!” pueden explicarnos que juegan a ser caballos, por ejemplo y podemos buscar un sitio menos molesto para jugar a ser caballos o jugar a ser otra cosa más tranquila, ¿no os parece?

DISTINGUIR ENTRE LO PROHIBIDO Y LO NEGOCIABLE. La de peleas que esto ahorra. Muchas de las discusiones en casa vienen por la diferencia de opiniones entre el niño y los padres. Les hemos dicho mil veces que no jueguen con los cojines del sofá. Realmente es un rollo porque se manchan, hay que lavarlos y nos da más trabajo pero a ver… ¡es divertido! Y favorece su imaginación. Y no es peligroso. Pues oye, si tenemos que lavarlos más a menudo pues los tendremos que lavar, en mi caso, personalmente es negociable (esto variará en cada familia) y les pido que jueguen sobre el sofá y no los bajen al suelo, por ejemplo. Eso sí, cruzar dando la mano no es negociable, es obligatorio. Y si no me das la mano no avanzamos. O pasearse por casa con los zapatos de la calle, tampoco es negociable. Ahora, que quiera salir a la calle con la ropa que ella elija (aunque sea un atentado visual) pues mira, es negociable. Que yo preferiría que fuese mejor combinada sí, pero no me va la vida en ello. Y así destinas tus energías para las discusiones verdaderamente importantes y no estamos todo el día peleando por cosas que, al final, son cosas de niños.

PENSAR QUE PARA ELLOS TODO ES UN JUEGO. Los niños son niños y no entienden de prisas, de normas sociales “adultas y aburridas” ni conocen las consecuencias de sus actos. Esperar, estar quieto, vestirse… hay muchas cosas que hay que hacer pero que son aburridas. Si lo transformamos en juego o lo hacemos divertido será más fácil que lo hagan y si no, siempre se puede negociar una actividad más divertida después de hacer “lo aburrido”.

RECORDAR CUANDO NOSOTROS ÉRAMOS NIÑOS… ¡que no hace tanto! No sé vosotros, pero cuando miro a mis niñas a veces me vienen como flashes de mi infancia. Y recuerdo cómo me encantaba leer “el pequeño país” mientras comía (súper práctico todo, metiendo las esquinas del periódico infantil en el plato sin querer), la pereza que me daba dejar de jugar para ir a cenar, la de tiempo que podía tirarme mirando mi álbum de cromos de La Bella y la Bestia, lo que molaba inventar y jugar horas en el parque, el drama que suponía que mi vaso de La Sirenita estuviese para lavar y no pudiese usarlo… Como adultos muchas veces le quitamos importancia a lo que hacen los niños y recordar cómo disfrutábamos nosotros saltando en los charcos hará que les dejemos a ellos también disfrutar, y nosotros disfrutemos con ellos.

Y si todo lo anterior falla, una opción sobre cómo controlar la ira con nuestros hijos es tener la suficiente sangre fría como para parar y CONTAR HASTA 10 “Missisipis”. Si lo hacéis en alto hasta romperéis la dinámica del momento tenso y vuestros hijos (y vosotros) os partiréis de risa.

En definitiva, desterrar pensamientos como el “lo hace para fastidiarnos” o “este niño me está toreando” y tomarnos unos segundos para tratar de analizar lo que está pasando es la base para ponernos en su piel, ser más empáticos y resolver las situaciones de una manera más positiva para todos. ¿Os animáis a cambiar y reñir menos a vuestros hijos?

Alma de mamá

Alma de mamá

Psicóloga infanto-juvenil especialista en Autismo (TEA) y mamá de dos preciosas niñas.Siempre supe que quería trabajar con niños y estoy enamorada de este papel de madre que estrené hace tres años. Intentaré daros consejos útiles como mamá y otros más técnicos, como psicóloga, sobre el desarrollo psicológico de nuestros bebés. ¡Bienvenidos a la maternidad y paternidad!
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