Día Universal del Niño y la Niña : Trabajar con niños no es divertido

Día Universal del Niño y la Niña: Trabajar con niños no es divertido

Empecé a trabajar con niños y niñas cuando tenía 14 años. Era ayudante de un equipo de baloncesto, de niños a los que doblaba la edad (tenían 7 años). Recuerdo mis miedos a enfrentarme a ellos, mi culpa cuando algo no salía bien, mi entusiasmo por que mejorasen…

Luego seguí trabajando como monitora de tiempo libre, entrenadora de baloncesto, profesora particular…hasta ahora, que trabajo en proyectos relacionados con la infancia en países en vías de desarrollo.

 

Y es la suma de toda esta experiencia acumulada en años; el trabajo diario y cercano el que me ha llevado a escribir lo que hoy os quiero comentar:

No es fácil trabajar con niños.

Los niños son personas sin prejuicios y sin ideas preconcebidas. Hablan sin rodeos, para bien y para mal. -¿Os ha gustado el juego de hoy? NO. Simple y claro. Entonces buscábamos la forma de que ese juego les gustase más. Pero no es fácil: son exigentes y necesitan atención constante. Esto hace que las sesiones sean agotadoras, y que muchas veces parezca que tu esfuerzo no tiene apenas refuerzo positivo por su parte.

No es cómodo trabajar con niños.

Son impredecibles, sensibles y muy vulnerables. Tus acciones pueden tener efectos incalculables en su desarrollo, y eso hace que midas cada palabra y que planifiques cada sesión. Y no solo a nivel de tiempos y espacios, sino en un plano mucho más social: que ningún niño se quede sin pareja en el juego, que todos tengan posibilidad de ganar, que la meta sea alcanzable por todos, que la dramatización de la actividad sea ética (¿disparan con pistolas? ¿los ladrones son los buenos? ¿se hacen distinciones entre niños y niñas?…) y un sinfín de cuestiones que te obligan a proyectar en tu mente cada actividad e imaginar cómo se ajustará al grupo que tengas. No hace falta decir que nunca sale como tenías en mente. Pero sí que puedes anticiparte a ciertas situaciones no deseadas si piensas antes cómo se sentirá cada niño y cada niña en esa tarea.

No es divertido trabajar con niños.

No es como una vuelta a un campamento de verano eterna. De hecho no debe serlo. Una cosa es disfrutar de ellos, de sus progresos y de su aprendizaje, y otra que resulte divertido. Hay una fina línea que separa reírse con un niño y reírse de él. Y sí, desde nuestra perspectiva de adultos muchas veces pueden resultar graciosos. Pero cuando un adulto se ríe de un niño, éste posiblemente no entienda el motivo, y se sienta confuso e inseguro. Es más, cuando se comparte el hecho  con otros adultos y las risas ya son generalizadas, el sentimiento de frustración se incrementa. El hecho de que sea un niño no implica que no merezca respeto. Y, desgraciadamente, esta práctica es muy habitual en padres, madres, formadores, educadores, entrenadores…

No puede hacerlo cualquiera.

No todo el mundo tiene la sensibilidad y la empatía necesaria para trabajar con personas que están pasando por un momento tan crítico de su desarrollo. Trabajar con niños y niñas requiere ciertas habilidades que no son fáciles ni de encontrar ni de desarrollar, además de la formación y vocación necesaria para no bajar nunca el ritmo ni la motivación. No es “un juego de niños”, sino una profesión reservada a personas con talento y con disciplina, una élite de la que depende el futuro de una sociedad.

Por ello, cuidemos y valoremos a esta élite.

 

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